TRASTORNO DESINTEGRATIVO DE LA NIÑEZ
Es un cuadro mal conocido y que implica una pérdida de funciones y capacidades previamente adquiridas por el niño (es decir, una clara regresión). Para poderse diagnosticar ese trastorno, la pérdida tiene que producirse después de los dos años y antes de los diez, y tiene que establecerse con garantías que antes de la regresión había un desarrollo claramente normal de competencias del lenguaje, comunicación no verbal, juego, relaciones sociales y conductas adaptativas. El criterio diagnóstico básico es que deben producirse pérdidas al menos en dos de estas cinco áreas:
- Lenguaje expresivo y receptivo.
- Competencias sociales y adaptativas.
- Control de esfínteres vesicales y/o anales.
- Juego.
- Destrezas motoras.
Como el autismo, el trastorno desintegrativo se define por:
Alteraciones cualitativas de las capacidades de relación y comunicación.
Pautas restrictivas y estereotipadas de conducta y actividad mental.
Con frecuencia, tiene un carácter más clínico y cambiante que el autismo, ofrece una imagen de inestabilidad emocional más extrema e inexplicable y no es descartable que (a diferencia de lo que sucede en el autismo) se acompañe de fenómenos semejantes a las alucinaciones y los delirios de la esquizofrenia.
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